miércoles, 23 de abril de 2008

Encerrada


El sentimiento de bronca e impotencia que tengo en este preciso momento hace que quiera escribir unas líneas. Y tanto momento sentimental se debe a un hecho que acaba de ocurrir, cuando pretendía salir de mi departamento rumbo a la facultad, a la clase de informática.
Siempre llego tarde a todos lados. Hoy estaba llegando dentro del todo puntual, salvo por un detalle: no encontré mi llave, entonces no pude salir, por ende estoy encerrada en mi casa.
Lo primero que hace uno es buscar por todos lados. Las personas impacientes como yo empiezan a revolear todas las cosas que se cruzan por el camino a la bendita llave, acompañando de blasfemias impuras a todas las personas que podrían estar involucradas en el hecho. Acto seguido empiezo a llamar a mis hermanos para, después de agredirlos verbalmente, preguntarles si de casualidad no tendrían la amabilidad de venir a abrirme la puerta y acabar con mi detención.
Pero nadie me contesta y eso hace que mis venas hiervan de ira. Así que llamo a mi mamá para que, a pesar de estar a más de 300 km de distancia, me tranquilice un poco. No se por que pero siempre que tengo un problema por más insignificante que sea (y creo que a más de uno le pasa lo mismo), a la que llamo primero para quejarme, llorar o reir es a mi mamá.
Ella con tono calmo y seco me dice que ya me soluciona el problema, que ya los ubica a mis hermanos para preguntar si tienen mi llave.
En ese interin prendo la computadora para mandar mensajes, por que las tantas contestadotas que me respondieron, consumieron el escaso crédito que tenía en el celular. Y he aquí cuando miro el reloj y me relajo. Ya no llego más a clase, tengo que conformarme con faltar y quedarme en espera de salvación. Y aunque tenga la duda de si quedo libre en la materia por esta falta que fue sin la más mínima intención, pienso que quizás haya sido una señal para que me quedara y estudiara para el parcial de mañana, o para que escriba y me presente en este blog.
Así que sin más preámbulos les doy la bienvenida a quien sea a este Mundo de Ana, como dice el título, donde encontrarán (como es de pensar) todo lo que me gusta.
Me despido contándoles que después de escribir, la bronca y la ira inicial se diluyeron por completo (o quizás un poco). Aunque si llego a enterarme que uno de mis hermanos fue el que se llevó mi llave, creo que volverían triplemente incrementados.
Pero algo tiene la escritura. Es una terapia que hace despejarnos por unos instantes de sentimientos agobiantes, y plasmarlos en letras para el recuerdo.
Así que este es un recuerdo. Del día en que perdí mi llave,
del día en que quede encerrada en mi casa,del día en que empecé este blog.

Chau.