I El recorrido comienza con los pedales puestos en marcha. calles rojas, sube y baja hasta que me topo con el verde pinar. En el camino veo los vestigios de un asado familiar, ahora ocho personas se reúnen en una mesa cuadrada, colcha de por medio y juegan a la generala. Bordeo la ruta por la calle paralela, bordeo el gran terreno donde solía ir a competir con el colegio, donde hacíamos el famoso test de cowper, siete vueltas a un predio de unos 200mtrs cuadrados, nunca llegue a las seis.
Hay una subida muy empinada y al hacer fuerza con el pedal lo rompo, mi hermana me va a matar ya que tome prestada su bici violeta, antigua y con mucha onda. Lo arreglo y sigo, miro a la izquierda y un valdio deja ver el sol bien alto de las cuatro de la tarde, las pajas indies en los costados bailan con el viento y las nubes están inmortalizadas en pompones blancos en el cielo celeste. Sigo andando y me pasa una moto con tres integrantes y un morral de marcela, por estos lados virasoreños se estila cosechar marcela el viernes santo, dicen que esta bendecida por el Señor (más tarde me encontré haciendo lo mismo con mi prima, madre y tía, una mezcla de nostalgia y diversión reinó durante la hazaña y el olor a marcela no salió de mi mano por varios días). Sigo en la calle paralela a la ruta 14, la ruta de entrada a Virasoro de cuyos costados se despliegan barrios cada vez más poblados y grandes. Miro como mis piernas giran impulsando la bicicleta, miro como la calle de tierra colorada se cuaja ante el sol, esta
craquelada como las lámparas que hacía la Tita para decorar la casa.
Sigo derecho y me topo con un gran paredón de la parte lateral del cementerio de la ciudad. salgo a la ruta y emprendo mi regreso a mi casa, mirando los semáforos de led y dejando que el sol me salude de frente. Paso a dos borrachos que van por la vereda tambaleándose, vestidos de caqui teñidos de tierra colorada, con una botellita de agua con un líquido viscoso en la mano. Uno de pronto para, mira algo en el suelo se agacha lentamente y lo recoge. Es un ramito de marcela olvidado.. El borracho lo junta tranquilamente, esta noche su bebida tendrá otro sabor.
Es lindo andar por el pueblo de siempre y me noto un poco extraña y a la vez perteneciente. Cada partícula Virasoreña se me apega en la memoria y me trae recuerdos, en cada rincón encuentro algo mío.
II Hoy Seguí al sol hasta los confines de Virasoro. Cuesta abajo con la bici por calles de tierra Llegué hasta el final de la calle, termina en una casa de madera con un chiquero artesanal, más allá el campo se extiende en el horizonte donde las palmeras colean al sol que baja de a poco. Una carreta tirada por un caballo moviliza a un Don que traslada madera.
Tranquilidad y ocaso, acá se esconde el sol, en los lugares más recónditos de virasoro ¿Porque nadie nunca se preguntó dónde iba todas las tardes? ¡si este paisaje dueño de sus rayos es de lo más bello!. Dos niños jugando a la lucha con varitas simulando espadas, dos más pescando en una pequeña vertiente a un sapo que croa sinfonías de disconformidad,
unas doñas tomando mate en la vereda, unos pibes jugando a la pelota en la canchita, un aserradero abandonado por el feriado largo. Nadie se percata del señor dorado que está a punto de despedirse, sólo yo que emprendo mi regreso, pero antes lo saludo y prometo seguir buscándolo y deseando alguna vez que sea mío así como lo es de este barrio.